09 4 / 2010

ACTO PRIMERO ESCENA PRIMERA

Casi siempre escribimos de nosotros mismo en tercera persona, quizás con un afán de ver las cosas desde fuera e intentar aislarnos de nuestros propios problemas y miserias. También parece que cuando escribimos así los problemas nos afectan menos, simulamos que son de otro.

Pero hoy me niego a hacerlo de esta manera, hoy escribo de mí, para mí, sobre mí.

No sé si estoy perdido o si simplemente no he empezado a buscarme, pero parece que alguien se empeña en cambiarme el Norte de lugar. Cuando pienso que voy por el buen camino veo que he estado dando vueltas y me encuentro pisando de nuevo mis huellas. Pero lo peor es que vuelvo a pisar en los mismos charcos, y vuelvo a pasar por el mismo barro, aunque sea la decimoava vez que paso por el mismo sitio.

Quizás todavía no haya encontrado, no ya el rumbo, sino el comienzo de mi andadura, quizás mi problema sea que no sé quien soy, ni qué quiero ser.

Quizás mi falta de personalidad y de carácter se proyecte hacia una personalidad y un carácter creado de la nada, como una fachada hacia el exterior de un interior de cartón piedra.

No sé si he montado un decorado al que llamo vida, en el que soy el actor principal y el único espectador, a veces me aplaudo por mi actuación y otras me abucheo a mi mismo por mi mala interpretación.

En ocasiones a los palcos se asoman personajes con pequeños prismáticos que se limitan a ver desde lejos, sin mezclarse en la obra representada, tornándose esta en un monólogo sin fin.

Se vuelcan en el escenario sentimientos, dolores, causas y fatigas, mientras los pequeños habitantes de los palcos se limitan a observar, extrayendo poco a poco todo mi contenido, mi esencia.

Cuando baja el telón entre las sucesiones interminables de actos, aprovecho para tomar resuello, para ser yo mismo, si es que eso tiene algún sentido en un yo vacío. Descanso y tomo aire entre bambalinas, cambio los decorados y el atrezzo, enciendo y apago luces, preparándome para el siguiente acto.

Y cuando levanta de nuevo el telón, me lanzo al decorado al que llamo vida, en el que soy el actor principal y el único espectador, a veces me aplaudo por mi actuación y otras, casi siempre, me abucheo por mi mala interpretación.